Sunday, September 6, 2009

DE-AMBULANTES

Los deambulantes
De-am-bu-lan
Como yo
Duermen como yo
Comen como yo
Se arropan como yo
Lloran como yo

Compartimos el mismo espacio
Carpa grande, con goteras
Silencio mañanero
que nos envuelve

Deambu-lan
Risas apagadas
Arboles caídos
o será al revés

Naturaleza arropante
Madre que nos da de mamar a todos
Despierto mi cuerpo
Cabeza abajo, piernas mirando el cielo
Miradas cómplices con ellos
Hombres todos
Anfitriones del dolor

Me gusta mirarlos de frente
Dioses
de todas las edades
regados por la ciudad
a ver si los reconocemos

Solo por hoy
© Lucille Lang Domingo, 06 de Septiembre de 2009

Friday, September 4, 2009

La sábana

Abro la boca en un bostezo sonoro, me estiro alargando los brazos y las piernas. Siento frío. Con los ojos aún cerrados, busco el borde de la sábana, halo y halo, sin lograr traerla hasta mí. Total, con tanto esfuerzo ya siento calor y trato de abrir los ojos.
—¿Cómo voy a despertar? me digo, mientras me muevo al borde de la cama que parece estar muy, muy lejos. Recuerdo que de niňa siempre me gustó Alicia en el país de las maravillas, y como Alicia había encogido al tomar de la botella con la etiqueta de “BEBEME”. —¿Habré tomado de la misma botella?

Me recuesto y cierro los ojos. Vuelvo a bostezar y pienso que estoy en ese estado intermedio entre despierta y dormida, ese espacio vago donde los sueňos aún parecen realidad. Mientras, trato de recordar que hice anoche antes de irme a la cama. —Nada, nada especial, lo mismo de siempre, lo esperé y lo esperé hasta quedarme dormida.

Con los ojos aún cerrados, escucho como él se levanta y entra al baňo. Lo escucho arreglarse, desayunar y salir. Nuevamente siento frío, vuelvo a buscar la sábana, la tomo entre mis dedos y me cubro. Sé que si trato, alcanzaré el borde de la cama y sé que mis pies tocaran el piso. También sé que seguiré siendo invisible.

Mis historias

Quiero escribir todas mis historias antes de morir, cada dia que pasa mi necesidad es mas urgente. Comencé escribiendo solo los fines de semana. Luego también escribía algunos dias de trabajo. Ahora, es lo único que hago, escribir y ocasionalmente comer. Comer porque me obligan y me esconden las plumas y el papel si no lo hago.

Trabajando asi, pensé que eventualmente se me acabarían las historias, pero algo extraňo me ocurre y me ahora me salen a borbotones. Esta maňana al enjuagarme los dientes escupí un cuento. Al medio dia me corté un microcuento de la uňa del pie gordo. Y esta noche al lavarme, empecé a notar como me brotaba el comienzo de una novela en el pecho. Trato de sostener la pluma pero los dedos se enredan en poemas. Se me hace tarde.