Saturday, February 26, 2011

Arropó tu cuerpo y calentó tu espíritu.



Tu voz

Aquella música que trajo el viento

en las faldas de los aguaceros,

era la espada de tu voz cortante

hurgando en mi alma dolida.



En los cuadernos de mi espíritu,

que estaban en blanco, susurró versos.

Me sumergió en el mar de la esperanza,

que cuida el contorno de mi isla chica.



Me estremeció tu voz de amor vestida,

envuelta en los ropajes de las sinfonías.

Cabalgando luceros y astros lejanos,

alumbró con su luz mi desconsuelo.



Me confundió tu voz como un suspiro

escapado de algún trino de gorrión.

Abrió la jaula con sus propias manos,

y en el aire parece haberse perdido.



Me dolió tu voz potente y vibrante,

con sus llamas de fuego fugaz y efímero.

Ecos de un pasado ambiguo, incomprensible,

me alumbró tu amor y me cegó tu olvido.



A Rosa Buk

Volaste en silencio,

dejando el polvo de tus alas

pegado a mis pensamientos.



Tus versos descalzos

recorren las plazas,

tu voz coronada de matices

resuena en el tiempo.

Tus palabras diáfanas,

cosidas a la luz del cosmos,

taladran el alma,

pintan arreboles,

encendien lámparas,

descubren lunas

de escarcha y de plata.



Tus poemas danzan

en la noche cándida.

Hurgan en los huecos

del espacio misterioso.

Bajan a los mares,

se bañan en sus olas,

al cielo se escapan

en rítmicos vuelos

vestidos de espuma.



Recojo las caracolas

que tus manos palpan.

Busco las estrellas

que adornan tus cabellos.



Te encuentro…

¡Aún vives, poeta!

¿Quién dice que has muerto?



Olvido

¡Huyó tu aliento!

Se esfumó en el aura.

No pude alcanzar tus pisadas,

sombras que la luz deshace

en la madrugada. Tu silencio

me aturdió con dureza y saña.



¡Inercia, congoja!

¡Desaliento, angustia!



Te busqué en mis recuerdos.

No te anhelaron mis besos,

no te buscaron mis manos.

Mis pechos no se sintieron

sedientos de tus abrazos.

El amor se ahogó adentro.



¡Ya basta! ¡Detente!

¡Calla, enmudece!



Es hora de abrir tus alas de nuevo.



Desvarío

Vagas perdido en la madrugada,



un niño grande con ojos sin alma.



La cruel maraña de tu pasado



te enloquece, condena y ata.



Mas un asomo de la cordura,



brilló en tus ojos aquella noche



en que tus manos desiertas, faltas



de amores, por mí caminaban.



Prendí con mis besos tus ilusiones,



recorrí caminos despacio y de prisa,



vestida de rocío, calzada de plata.



Pero el brillo aquél, de tus ojos escapa.



Quedas de nuevo sumido en recuerdos,



vanas añoranzas, sediento de abrigo,



apagando las llamas. Huyes, te alejas,



en medio del desvarío, mirando al vacío,



con los ojos abiertos pensando en la nada.



Dejaste en mi regazo muerta la esperanza.











Velero

Navegabas a la deriva,

el mar te lavaba en sus aguas.

El sol acariciaba tu mástil

de cara al viento. ¡Sol y luna!

¡Sal y espuma! ¡Mareas y sueños!

Solitario celaje pintado sobre

el espectro de los recuerdos.

Encallaste un día en mi isla.

Me vestiste de arena, de sales,

De algas y plata. Até tus amarras,

tiré al mar tu ancla, cubriendo

con mi amor tus velas plegadas.

Pensé que dejabas tu angustia

perdida en las aguas. El lastre,

pegado a mis ansias. La soledad,

atada a la proa, entre las velas,

el viento soplando tu estampa.

¡Pero tu vida sin olas, es ave sin alas!

La mañana aquella que izaste las velas

y soltando amarras, levaste el ancla,

quedé desolada, llena de recuerdos,

ansiando tus ansias, mirando de lejos

el mar, tragarte en sus aguas.



Tu mirada

Sentí tu mirada cortar la mañana.

Filosa espada de argento,

que rompe los cielos,

traspasa los mares,

lacera los vientos

Tu mirada certera

calcina y abrasa,

como al carbón

queman las llamas.

Tus ojos, luciérnagas

relucientes, poblaron

de astros la oscuridad

que me habitaba. Tu mirada,

Cuchillo con filo de alba

y cabo de ensueños,

desató aquellas cuerdas

que ataban mis besos.



Fugaz

©Zulma Quiñones Senati, 2008

Al final, el viaje,

etéreo y distante.

Moléculas esparcidas

entrando a las fauces

de un mar silente,

espacio vacío y frío,

donde el azul se pierde.



La fragilidad

muda en una esquina.

Las manos ansiosas

buscando aire para respirar.

La mente palpando recuerdos

fugaces y efímeros,

que yacen en la almohada

buscando el olvido.

El túnel, asomándose

a tus ojos, esperando el

suspiro que lo atrae

como al río su cauce.

La vida: un desplegar de alas,

que batiendo pasa.



Poeta

Hoy tocaste mis fibras,

las escondidas, las íntimas.

Te sentí brisa alegre y juguetona.

Te hiciste viento que cobra fuerza.

Se formó un volcán con tus palabras.

Brotaron como paradójico renuevo en el

otoño que escapa. Se volcaron dando paso

a tu pasión desmedida y rauda, que como catarata

cae reluciente, sonora y clara. El agua cantó su canto

de amores mientras bajaba. La escucharon el sol y las nubes.

El mar la meció cantándole nanas. Mas, pronto se la llevó el viento

en sus ráfagas. En medio de golondrinas que huyen en la explanada.

Reí como niña descalza

que moja sus pies en las aguas.

Tus frases llenaron mis sentidos, tocaron

mi alma. Penetraron mi cuerpo con su luz,

Llamas que no se apagan. Sonaron campanas

en mis adentros. Entonces te creí caballero, carroza

al acecho. Príncipe que rescata a su amada. Te revestí

de suspiros, mimos invisibles que bailan en el aire. Te vi cabalgar

sobre un brioso caballo blanco, que vuela en el monte. Subí a sus ancas.

Abracé tu cuerpo, que abrasa el alma. Luz de luna y luceros relucientes a tus

espaldas. Un viaje furtivo en la noche serena que descorre su velo en la madrugada

y me muestra que no eres caballero hidalgo, ni príncipe de encantos, sólo eres…Poeta

















Aleteos de esperanza